sábado, 24 de marzo de 2018
Nuevas metas
La pluie
Llevaba tanto tiempo lloviendo dentro de mí, que mis ojos vivían empañados por miedo a hundirse y ahogarse sin entrever ninguna mano que se atreviera a ayudarlos. La tormenta sigue cayendo, pero ya no son mis manos las que la rehuyen; ya no son mis ojos los que se empañan escuchándola. Cuando te atreves a bailar bajo la lluvia es cuando te das cuenta de que las gotas no queman. Lo que sí que quema en mi interior son los minutos que he perdido esperando una segunda oportunidad. Ahora, lo único que me queda es jugarme la lluvia a ciegas, esperando que mis cartas sean lo demasiado buenas para conseguir otro día más conmigo. Es decir, descubriendo que conmigo puedo conseguir todo lo que me proponga. Solo me queda apostar, poner las cartas sobre la mesa, mirar al sol a los ojos y decirle: «me da igual que no aparezcas, he aprendido a esquivar las gotas y amar las nubes». Entonces, cada día me levantaré buscando la lluvia para pasear con un paraguas que no tapa, mojarme el alma mientras tomo un té sentada en un bar cualquiera y llenarme las ganas pensando en la buena compañía que me daría para ver película envuelta entre mantas, y mimos. Y así, aprendí que no solo es el sol el que te trae buenos paisajes.
viernes, 23 de marzo de 2018
R E P E A T
Fuera de mi vida. Ayúdame a borrar esta sensación de conformismo que me invade al pensar que ya nada es lo mismo. ¿Cuánto tiempo más tiene que pasar para darme cuenta de la redundancia en la que vivo? Mi cabeza me vierte todas esas sensaciones una y otra vez, cada día un poco más, ahogándome sin piedad ni escrúpulos en un mar de estúpidos pensamientos que no hacen más que reprimirme; y yo, paralizada por su frío choque contra mis viejos pedazos recién cosidos, lo único que hago es resignarme y entregarme a mi mente retorcida y exageradamente masoca. Y aquí mismo, en un atisbo de lucidez una noche cualquiera, me encuentro con el ansia de querer volver a cuando mi cuerpo se convertía en primavera con un solo roce. Podría intentar volver a sentir florecer aquellas sonrisas, tachar los naufragios con boli negro y verter encima toda la tinta en un intento desesperado de que mis demonios se apiaden de mí y me dejen salir a la luz para dejarme llevar y volver a llenarme de otra cosa que no sea el éxtasis momentáneo al que solía llamar felicidad. Dejar de escuchar aquella canción en mi mente y empezar a gritar que sí que puedo, que sí que quiero. Que me quiero a mí, libre y guapa, sin miedos y sin luces que me sigan por las noches. Esto es un adiós, veneno. Esto es un he vuelto para quedarme.
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