Querido diario...

sábado, 24 de marzo de 2018

Nuevas metas


He pasado tantas vidas buscando un salida, borracha de una soledad innecesaria que me arrastraba a deambular por un limbo escabroso y repleto de rabia y condescendencia que, cada vez que me acercaba a una puerta, pasaba de largo alegando que estaba cerrada. Al día siguiente, mi resaca me recordaba que, para no seguir así, no podría volver a atiborrarme de la lujuria y el placer que me provocaba ir buscando bocas que solo se preocupaban por beber de otros tragos. Y así, después de interminables noches a la deriva, me acurruqué tan dentro de mi pecho que conseguí una salida. Abrir una puerta que creía cerrada. Sentir un soplo de aire fresco lleno de ganas de crecer. Y el miedo que habitaba en mis manos se convirtió en primavera. Y el temblor que se apoderaba de mis piernas, me ayudó a coger fuerzas y a lanzarme a bailar con todos mis complejos. El invierno constante que se instaló en mi pecho ya no vive en silencio, sino que me anima a acercarme más al sol, a dejar que me acaricien el alma, a dejar que se derrita. Quizás es cierto eso de que cuando se cierra una puerta se abre una ventana. Y menudo paisaje me ha traído.



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