Parece que me estoy acostumbrando a esto de aparecer aquí después de unos meses, leer mis textos anteriores y ver cómo he ido evolucionando. Lo último que escribí fue en diciembre. Han pasado casi tres meses desde mi última «recaída». Han sido tres meses intensos, de altibajos; me he sentido muy perdida, pero he sabido encontrarme. Durante el transcurso he sentido miedo, mucho miedo… Me he sentido débil, he recaído, me he levantado; he llorado, he reído, me he sentido fuerte, he querido comerme el mundo y al mismo tiempo esconderme debajo de las sábanas para que nadie me viera. No sé hasta qué punto puedo decir que me siento bien, que me siento feliz. De hecho, esta semana me ha quemado… Después de tantos meses luchando por conseguir un objetivo, yendo poquito a poco, cuidando cada detalle, luchando contra mí misma. Después de tanto esfuerzo por alejarme, me he quemado por acercarme demasiado. No sé muy bien en qué estaba pensando, quizás en volver a revivir momentos en los que me he sentido tan cómoda, en los que tenía una vida en pareja, en los que tenía un apoyo incondicional. Dejarse llevar a veces tiene sus consecuencias, y nunca pensé que me fuera a afectar tanto. ¿Por qué ha vuelto la ansiedad? ¿Por qué no puedo dormir por las noches? ¿Qué es lo que se supone que estoy haciendo mal? ¿Qué es lo que me atormenta y me oprime el pecho? Mi cuerpo debería estar acostumbrado a esta sensación, sin embargo, cada vez que vuelve es como si llegara por primera vez. Cada día es peor, no sé cómo afrontarla, me da miedo, me da pánico, me asusta esta situación. No quiero volver a lo mismo, pero no sé cómo conseguir la calma dentro de una tormenta que se inicia dentro de mí, pero de la que no tengo el control. ¿Es que no lo tengo tan superado como yo creía? ¿O es que me siento demasiado sola como para no saber gestionar un mínimo contacto social? Sé que tengo que ser fuerte, sé que tengo que aguantar. Sin embargo, cuanto más difícil me lo pone más caigo en la trampa. Ni siquiera sé si es una trampa, puede ser que simplemente me quiera convencer de ello, de que no es mi culpa, que está fuera de mi alcance. Que no soy yo la que lo hace mal, que son ellos que me están boicoteando. Quizás debería pensar más en mi comportamiento y menos en la supuesta opinión que los demás tienen de mí. Se me está haciendo difícil… Cada día me cuesta más seguir el camino que me he propuesto. La cuesta es muy empinada y creo que no ahora mismo no tengo fuerzas para seguir andando.
No me estoy rindiendo, eso que quede claro. Simplemente necesito coger aire fresco. No sé cómo, no sé cuándo, no sé dónde. Pero necesito renovarme. Un cambio de aires, conocer a gente nueva y poner todo lo que está en mi mano para cambiar. Sé que el mayor porcentaje de mi felicidad reside en mí: en quererme, en estar segura de mí, de cómo soy, de lo que soy. No puedo pensar en lo que el resto piensa y dejarme llevar por lo que ellos crean y quieran de mí; tengo que darle la vuelta. Tengo que quererme, tengo que saber quién soy, conocerme, escucharme, hablar conmigo misma; después solo seré un reflejo de todo lo que me gusta y todo lo que quiero llegar a ser.
Sé que me ha costado mucho, que ha sido y está siendo muy duro, pero también sé que poco a poco estoy logrando lo que quiero. He estado equivocada todo este tiempo… No necesitaba encontrar una vocación, ni buscar trabajo, ni estudiar, ni amargarme por no querer a alguien… Lo que necesitaba era encontrarme a mí. Mientras no me encuentre, mientras no me entienda, mientras no me quiera, nunca llegaré a ser feliz. Y eso es lo único que importa. Pero Antía, las dos sabemos que no vamos a parar hasta conseguirlo.


No hay comentarios:
Publicar un comentario