Querido diario...

martes, 22 de diciembre de 2020

No quiero que te vayas dolor

Estoy de vuelta. No sé muy bien por qué. He estado leyendo lo que escribí hace unos meses, no sé cuántos. Ya no hay ansiedad, ya no hay dolor, ya no hay nada. Y creo que eso es lo que más miedo me da, ya no hay nada… vacío. Como dice uno de mis poemas favoritos: no quiero que te vayas dolor, última forma de amar… 

Me he intentado obligar a mí misma a escribir, porque últimamente vivo con una sensación que ni siquiera sé describir. Estoy en una transición en la que de momento estoy saliendo ilesa (cosa que hace dos meses no podría imaginar), pero no me siento del todo bien, no me siento satisfecha. Ni siquiera creo que escribirlo vaya a hacerlo más real, o vaya a darle un sentido. Ni siquiera sé si esta sensación es buena o mala, solo sé que está ahí, que no sé manejarla. 

He intentado que esta vez fuera diferente, pero creo que lo único que estoy consiguiendo es camuflar mi modus operandi para no sentirme tan mal conmigo misma. ¿En qué punto de su vida está una persona que se da cuenta de que hace las cosas mal, pero aún así no es capaz de dejar de hacerlas? Ayer me he dado cuenta de que hay ciertas partes de mí que no me gustan, de hecho es que creo que ni siquiera me caigo bien. No me puedo creer que sea tan sumamente dependiente de… cualquier persona que se me pase por delante. Voy enganchándome de uno a otro para no estar sola conmigo misma… No sé qué me da miedo, o sí, pero quizá no quiero admitirlo. ¿Y si busco la aprobación y el interés de los demás porque ni siquiera yo misma me aguanto? Cuando me quedo sola, no sé qué hacer, necesito cubrir cada milésima de segundo con lo primero que tenga a mano, vamos, que me paso horas y horas con el móvil sin hacer nada de provecho; ¿para qué? No lo sé, ¿para no pensar? ¿para no darle vueltas a las cosas? Sé que podría sacar mucho más provecho de esta situación; primero eres tú y luego el resto, ¿no? Pues consejos vendo pero para mí no tengo. No tengo motivación, no tengo ganas, todo lo que empiezo lo dejo a medias y lo único que se me da bien es quedarme en cama desperdiciando mi tiempo en redes sociales y en comerme el coco escuchando música. Y ahora me he propuesto un reto estúpido que creo que lo único que va a hacer es volver a meterme en un agujero. Necesito aprender a estar sola, pero es que no soy capaz…

miércoles, 11 de noviembre de 2020

Menuda estupidez



Otra vez ha vuelto esta sensación. ¿O es que en realidad nunca se había marchado? Sé que se me da de lujo mirar hacia otro lado, olvidar los problemas aunque no se hayan solucionado y seguir con mi vida como si nunca hubiera pasado nada… entonces me pregunto, ¿qué es lo que ha cambiado? ¿Ya no queda un hueco libre por el que poder escabullirme de esta bruma que me atora los sentidos? Cada día es más difícil no pensar en cómo he estado amoldando mis sentimientos para que el golpe no fuera tan brusco. Sin embargo, cuanto más me acerco al suelo más me doy cuenta de que por mucho que se tapen las espinas no dejan de pinchar. Y aquí estoy, cruzando un bosque lleno de silvas intentando no hacerme sangre cuando paso, inútilmente, rogándome a mí misma una solución que nunca llegará, andando en círculos con la piel cada vez más irritada y maltratada, mientras el mundo me ve desde fuera, sola, desorientada, castigada, y no puede hacer nada sino observar la tumba que yo misma he cavado durante todo este tiempo sin darme cuenta. Y ahora me pregunto ¿en serio crees que ha sido buena idea cubrir tus pensamientos oscuros con una lona blanca y esperar que no siguieran creciendo? Menuda estupidez, menuda estupidez.

jueves, 22 de octubre de 2020

¿Cómo me alejo de mí?

Escribo esto para mí. No tengo muy claro cuál será el fin, tampoco cuándo ha sido el principio, ni qué rumbo debo seguir. No tengo muy claro por qué he de escribir qué se me pasa por la cabeza, como si arrancarme los pensamientos fuera una opción válida a la hora de reorganizar mi vida. Quizás he estado tanto tiempo escapando de mí, que ahora ya no sé ni cómo empezar. Siempre me he preguntado muchas cosas, demasiadas tal vez, pero nunca he hecho todo lo posible para conseguir las respuestas. Mi cabeza construía un muro lleno de reproches, uno encima de otro, hasta que cedió (o cedí) y se me vino el mundo encima. Todos y cada uno de ellos llovieron sobre mí; y yo, indefensa ante mis propios ataques, aguanté el impacto en silencio… Hasta que no pude más. Y fallé. Pero no solo me fallé a mí, sino a los que me acompañaban. Y lo que no puedo soportar es el silencio. El silencio oscuro y macabra que me recuerda que soy una cobarde, que no he sabido enfrentarme a una situación que yo misma he creado, que he perdido en mi propia batalla, y que nadie lo sabe. Fingir, fingir, fingir que está todo bien, que sigo siendo la misma de antes, que estoy feliz de ser quien soy y orgullosa de lo que hago. Fingir, fingir, fingir que lo tengo todo controlado, que estoy conforme con la persona en la que me he convertido.

Y todo esto ¿para qué?¿Para que nadie se entere de que soy una cobarde egoísta que se calla todos y cada uno de sus sentimientos para no herir a nadie? ¿O más bien para no herirse a sí misma? ¡¿Y ahora qué?! Eh, ¿ahora qué hago? No puedo dar marcha atrás, no puedo avanzar, estoy estancada en una situación que yo misma he creado, me he acorralado yo solita en una esquina, y ahora mismo no tengo ni fuerzas ni ganas de buscar una salida. Porque no hay una salida sin daños colaterales, no hay una salida sin dañarme a mí. Pero en realidad, ¿qué más da? Si ya me estoy volviendo loca de tanto hablar conmigo misma, de tanto darle vueltas al mismo pensamiento, ¿por qué? ¿por qué? ¿por qué? ¿qué es lo que quiero? ¿qué es lo que creo que quiero? Y así, van pasando las horas, los días, las semanas… y sigo sin saber qué hacer, sin saber cómo actuar, sin saber a quién acudir. No necesito acudir a nadie, pero tampoco puedo acudir a mí. Yo ya estoy perdida. 

Y lo sabía antes de nada. Sabía que esto no iba a funcionar. Y aún así, seguí. Seguí porque estaba a gusto, porque me sentía querida, porque tenía una vida, una rutina, una persona que me apoya, me anima, me quiere. EGOÍSTA. No has formado una vida sola, has involucrado a una persona en ella, una persona que te adora y haría lo que fuera por ti, y no saber apreciarla joder. No la mereces, y aún así sigues buscándola, porque la echas de menos, ¿o echas de menos tu vida con ella? Aún después de todo sigues siendo la misma puta egoísta que hace un año. No mereces nada de lo que te pueda ofrecer, pero lo aceptas. Y así hasta hoy, sabiendo que tienes que frenarlo, pero ¿¿¿¿¿¿cómo?????? Antes lo tenía tan claro y ahora lo veo demasiado oscuro para que quepamos todos. Necesito alejarme del foco del problema, pero ¿cómo me alejo de mí misma?

Designed By Blogger Templates