Querido diario...

lunes, 8 de marzo de 2021

El principio del fin

Se me hace raro escribir tan seguido. Antes lo hacía mucho, no sé por qué lo dejé. La verdad es que ayuda bastante a desahogarse, sobre todo cuando no tienes a nadie que te escuche. Es bastante frustrante marcarte unos objetivos, pero que nadie se interese por ellos. Estoy ya acostumbrada, pero eso no quiere decir que no duela. Aún así ya me he resignado. Sé que no me merezco estar sola, no creo que nadie lo merezca; simplemente quiero tener la esperanza de que todavía no ha llegado nadie que se interese por lo que me gusta o me gustaría llegar a hacer. No pasa nada, no voy a dejar de intentarlo solo por sentirme sola. Es parte del proceso, y sé que tengo que pasarlo. Poco a poco todo irá a mejor, lo presiento.

A veces me da la impresión de que me quedo estancada en la melancolía. Sin embargo, hoy me he dado cuenta de muchas cosas. La primera es que me he perdido por el camino. Me he ido dejando llevar por lo que yo creía que era lo correcto, por la pretensión de lo que se supone que tiene que hacer una persona en su vida, por ser empática, comprensiva, por ser buena. Me he ido vaciando con todas mis buenas intenciones hasta quedarme completamente hueca, hasta que me he dado cuenta de que ya no sabía quién era. No era yo, ni siquiera ahora soy yo. No sé en qué momento, ni cómo no me he dado cuenta antes. Solo sé que he pasado una temporada desorientada, divagando y sin saber qué hacer, porque había perdido esa esencia que me hacía mía, que me hacía ser la mujer que era, que no soy y que me gustaría llegar a ser.  


Sentir forma parte del ser humano: el ser humano siente, el ser humano padece. No siempre siente cosas buenas, sino también cosas malas: tristeza, envidia, frustración, melancolía, desengaño, decepción... Muchas veces me he echado la culpa de haber estado triste, de haberme sentido celosa o enfadada por ciertos motivos; sin embargo, ¡tener estos sentimientos forma parte de la vida! No vas a ser mejor o peor persona por sentirte mal, por sentirte triste. Es completamente necesario tomarte un tiempo para estar enfadada, para sentirte frustrada o para llorar a mares porque no te sientes bien contigo misma. Simplemente hay que aceptar esos sentimientos y aprender a canalizarlos para conseguir sentirte mejor. 

Gracias a mi fuerza de voluntad y mucha ayuda, estoy aprendiendo a aceptar mis errores y a quererme tal y como soy. No puedo consentir que nada ni nadie me haga olvidar cuáles son mis límites, porque estos marcan mi personalidad y me definen a mí como la persona que quiero llegar a ser. Sé que el camino no es fácil, que tengo que seguir aprendiendo y luchando cada día para conseguir mis metas; pero también sé que ahora tengo claro a qué me estoy enfrentando, y no voy a parar hasta conseguir mirarme en un espejo, sonreírle a mí reflejo y pensar: aquí está la Antía que a mí me representa.



domingo, 7 de marzo de 2021

Cambio de aires

Parece que me estoy acostumbrando a esto de aparecer aquí después de unos meses, leer mis textos anteriores y ver cómo he ido evolucionando. Lo último que escribí fue en diciembre. Han pasado casi tres meses desde mi última «recaída». Han sido tres meses intensos, de altibajos; me he sentido muy perdida, pero he sabido encontrarme. Durante el transcurso he sentido miedo, mucho miedo… Me he sentido débil, he recaído, me he levantado; he llorado, he reído, me he sentido fuerte, he querido comerme el mundo y al mismo tiempo esconderme debajo de las sábanas para que nadie me viera. No sé hasta qué punto puedo decir que me siento bien, que me siento feliz. De hecho, esta semana me ha quemado… Después de tantos meses luchando por conseguir un objetivo, yendo poquito a poco, cuidando cada detalle, luchando contra mí misma. Después de tanto esfuerzo por alejarme, me he quemado por acercarme demasiado. No sé muy bien en qué estaba pensando, quizás en volver a revivir momentos en los que me he sentido tan cómoda, en los que tenía una vida en pareja, en los que tenía un apoyo incondicional. Dejarse llevar a veces tiene sus consecuencias, y nunca pensé que me fuera a afectar tanto. ¿Por qué ha vuelto la ansiedad? ¿Por qué no puedo dormir por las noches? ¿Qué es lo que se supone que estoy haciendo mal? ¿Qué es lo que me atormenta y me oprime el pecho? Mi cuerpo debería estar acostumbrado a esta sensación, sin embargo, cada vez que vuelve es como si llegara por primera vez. Cada día es peor, no sé cómo afrontarla, me da miedo, me da pánico, me asusta esta situación. No quiero volver a lo mismo, pero no sé cómo conseguir la calma dentro de una tormenta que se inicia dentro de mí, pero de la que no tengo el control. ¿Es que no lo tengo tan superado como yo creía? ¿O es que me siento demasiado sola como para no saber gestionar un mínimo contacto social? Sé que tengo que ser fuerte, sé que tengo que aguantar. Sin embargo, cuanto más difícil me lo pone más caigo en la trampa. Ni siquiera sé si es una trampa, puede ser que simplemente me quiera convencer de ello, de que no es mi culpa, que está fuera de mi alcance. Que no soy yo la que lo hace mal, que son ellos que me están boicoteando. Quizás debería pensar más en mi comportamiento y menos en la supuesta opinión que los demás tienen de mí. Se me está haciendo difícil… Cada día me cuesta más seguir el camino que me he propuesto. La cuesta es muy empinada y creo que no ahora mismo no tengo fuerzas para seguir andando. 


No me estoy rindiendo, eso que quede claro. Simplemente necesito coger aire fresco. No sé cómo, no sé cuándo, no sé dónde. Pero necesito renovarme. Un cambio de aires, conocer a gente nueva y poner todo lo que está en mi mano para cambiar. Sé que el mayor porcentaje de mi felicidad reside en mí: en quererme, en estar segura de mí, de cómo soy, de lo que soy. No puedo pensar en lo que el resto piensa y dejarme llevar por lo que ellos crean y quieran de mí; tengo que darle la vuelta. Tengo que quererme, tengo que saber quién soy, conocerme, escucharme, hablar conmigo misma; después solo seré un reflejo de todo lo que me gusta y todo lo que quiero llegar a ser. 

Sé que me ha costado mucho, que ha sido y está siendo muy duro, pero también sé que poco a poco estoy logrando lo que quiero. He estado equivocada todo este tiempo… No necesitaba encontrar una vocación, ni buscar trabajo, ni estudiar, ni amargarme por no querer a alguien… Lo que necesitaba era encontrarme a mí. Mientras no me encuentre, mientras no me entienda, mientras no me quiera, nunca llegaré a ser feliz. Y eso es lo único que importa. Pero Antía, las dos sabemos que no vamos a parar hasta conseguirlo.

Designed By Blogger Templates